jueves 26 enero 2012
Pocas personas se dan cuenta de lo complicado que puede resultar la construcción de un edificio, por lo menos, hasta que se encuentran perdidas en un cúmulo de dificultades, reglamentaciones municipales, alternativas de diseño, especificaciones, contratistas, presupuestos, etc.
El arquitecto es el profesional que tiene la formación, experiencia e imaginación necesarios para guiar al cliente durante todo el proceso de diseño y construcción, desde la definición del programa de necesidades, hasta proponerle alternativas y opciones que no se le hubiesen ocurrido.
Los arquitectos aportan un enfoque totalizador de la cuestión, creando espacios atractivos acondicionados para habitar, y/o trabajar.
Dirigiendo en la obra a contratistas y proveedores, los arquitectos hacen posible que el proceso culmine en un proyecto bien construido, que cumpla con las expectativas del cliente y que encuadre dentro de los costos y tiempos que éste ha previsto.
Los honorarios por los servicios que brinda el arquitecto deben ser considerados como una inversión y no como un costo adicional al del proyecto; enumeremos alguna de éstas razones:
1. Un proyecto bien concebido puede ser construido de forma más eficiente y económica, evitando o minimizando improvisaciones, sorpresas e imprevistos que originan costos adicionales y prolongan innecesariamente el lapso de construcción.
2. El arquitecto produce planos y especificaciones seleccionando materiales y terminaciones, en función de su calidad, belleza, durabilidad y costo. Estos planos y especificaciones no solo sirven para construir la obra, sino que son imprescindibles para obtener propuestas serias y realistas de los contratistas y proveedores.
3. El buen diseño y la buena construcción siempre aportan un valor agregado: mayor valor inmobiliario a una propiedad y en ciertos casos más clientes para un comercio o mayor productividad en los lugares de trabajo.